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Un Estado de Derecho no negocia con delincuentes. Por Ramiro Grau Morancho

10 de octubre de 2017 -
2:37 min.

         Ningún Estado serio del mundo negocia nada con los delincuentes. Simplemente se les aplica el código penal vigente, y las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado proceden a su detención y puesta disposición judicial, y esa Autoridad Judicial es quien decreta si van a prisión preventiva o pueden permanecer en libertad provisional, con o sin fianza, y siempre a resultas del procedimiento penal incoado contra ellos.

         Así sucede en todos los países civilizados, y que se rigen por el Derecho.

         La legislación prevé, en el caso de los funcionarios públicos, la suspensión provisional de funciones, que lleva aparejada la suspensión de empleo y sueldo.

         Pareced evidente que la misma previsión debe existir en el caso de los cargos públicos, es decir, políticos, que hayan sido cogidos con las manos en la aja, hayan incumplido sus obligaciones o pasen de todo, dedicándose a fumar puros y leer El Marca en su despacho oficial, repantingados en su sillón, y con los pies encima de la mesa, mientras España entera se desmorona…

         ¡Hace falta tener los cojones como el caballo de Espartero para actuar así, o lo que es peor, no tenerlos!

         La ciudadanía está harta, estamos hartos, de esta situación, viendo como los que cobran por gobernarnos hacen dejación de sus funciones, por su cobardía, inutilidad o, lo que es peor, traición.

         Hora surge un movimiento “espontáneo”, organizado por Potemos (no es un error), la Cup, o lesbianas al poder, los pro etarras del País Vasco, y con el acompañamiento coreográfico de cientos de miles de tontos útiles (que en España son millones), diciéndole al legítimo Gobierno de España “que hay que hablar”, “que hay que negociar”, y que “negociando” se solucionan los problemas…

         ¡Seguro que sí! Seguro que la violada si le dice al violador que hablen, este deja de penetrarla, o de exigirle que le haga una felación, con el cuchillo o la pistola en su cabeza. O que el atracador, al oír “vamos a hablar”, deja de atracarte, y te invita a tomar un café, para hablar de la brevedad de la vida, y de lo mal que va el mundo.

         ¿Pero en qué mierda de país vivimos, y siento decirlo, pues amo mucho a mi Patria?

         En una Nación seria y civilizada, quienes no cumplen las Leyes por las buenas, la acaban cumpliendo por las malas.

         Esa es la fuerza coercitiva del Derecho, que a diferencia de las normas morales que son de aplicación voluntaria, y además el sentido ético y moral cambia de unas a otras personas, en el caso de las normas jurídicas son un mínimo exigible a todo ciudadano, por las buenas o por las malas.

         El Gobierno no puede hacer dejación de sus funciones. Y si son incapaces de llevar los pantalones bien puestos, y de tener coraje para enfrentarse a la situación, lo mejor que pueden hacer es dimitir.

         Y lo mismo digo respecto al Rey.

         Es cierto que hace unos días tuvo una intervención muy sensata, a la que rápidamente replicó “el cheposo” diciendo que él tenía cinco millones de votos detrás, y que al Rey no le había votado nadie… Y es verdad.

         Pero lo que seguramente ignora “el chepas”, y toda la gentuza de su cuerda, es que la Constitución de 1978, que sí fue aprobada por la mayoría del pueblo español, establece en su art. 62, h). que “Corresponde al Rey: El mando supremo de las Fuerzas Armadas”.

         Y el art. 8, 1, de la Carta Magna dice que: “Las Fuerzas Armadas, constituidas por el Ejército de Tierra, la Armada y el Ejército del Aire, tienen como misión garantizar la soberanía e independencia de España, defender su integridad territorial y el ordenamiento constitucional”.

         En esas estamos. Yo hubiera preferido ver a Su Majestad con el uniforme de Capitán General del Ejército, la verdad. Creo hubiera sido lo más apropiado, pues estamos ante un golpe de estado, por ahora incruento…, pero no sabemos por cuánto tiempo.

        

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Ramiro Grau Morancho

Ramiro GRAU MORANCHO es Graduado Social, Licenciado en Ciencias del Trabajo y Abogado. Profesor de Derecho en varias Universidades, Públicas y Privadas. Ha publicado más de veinte libros sobre temas jurídicos y sociales, y miles de artículos en prensa, diarios digitales y revistas jurídicas especializadas. Es Académico Correspondiente de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación

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