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El día que se perdió la cordura y la empatía. Por Blanca Escaño

07 de diciembre de 2017 -
2:44 min.

Se acercan las Navidades, unas fechas consideradas como tiempo de fraternidad, paz y amor, en las que las televisiones nos machacan la falsa solidaridad y empatía transformada en maratones de apadrinamientos de niños, solidaridad en todos los ámbitos y en las que se nos da permiso para ser felices.

 

Unas fechas en las que miles de niños se verán privados de estar con sus padres varones y familia extensa. Niños que deberían tener los mismos derechos que cualquier otro, y que sin embargo, por el mero hecho de ser hijos de padres separados son olvidados y defenestrados por el gobierno y la sociedad. Niños cuyos padres en innumerables casos, se encuentran inmersos en denuncias por malos tratos e incluso encarcelados por este tipo de acusaciones sin ningún tipo de prueba que acredite su culpabilidad, dado que la denuncia y el juicio se realiza sin necesidad de aportar ningún tipo de prueba por parte de la denunciante.

Niños que no importan a nadie, porque las victimas reales según la ley, son las madres.

A nadie le importa los daños colaterales que sufren, especialmente de tipo psicológico, ni sus deseos, ni sus necesidades. La madre es la que importa y la que da sustanciosos beneficios al Estado y a las asociaciones de mujeres.

 

El 28 de diciembre se cumplirán 13 años desde la entrada en vigor de la mal llamada Ley Integral Contra la Violencia de Género, que no ha servido para nada más que para generar injusticia, desigualdad y masacrar socialmente a los hombres, que día sí día también son denunciados en los juzgados por las que fueran sus parejas y madres de sus hijos, en su mayoría con fines espurios para quedarse con el piso, los hijos y en muchos casos, con una pensión compensatoria. Una ley que si ya dejaba las puertas abiertas a las mujeres para arruinar económica, social y psicológicamente al hombre, con el Pacto de Estado aprobado recientemente les da carta blanca sin necesidad de realizar una denuncia. Una aberración más de lo que los políticos y gobierno de turno se empeñan en llamar Estado de Derecho.

 

El propio Consejo General del Poder Judicial, en un informe elaborado antes de la aprobación de esta aberrante ley , concretamente el 24 de junio de 2004, afirma entre otras cuestiones que “no es aceptable un concepto de violencia sobre la mujer, del que depende toda la aplicación de la ley.” Así mismo afirma que “La mujer no obtiene mayor protección por el hecho de que la ley la proteja tan solo a ella exluyendo de su ámbito a menores, ancianos o, incluso, al hombre.”

 

Este informe debería de seguir siendo avalado por dicho Consejo, puesto que no existe otro posterior. Sin embargo, en palabras de su Presidente que lo es también del Tribunal Supremo, los jueces son independientes pero se deben a las leyes. Algo incongruente pero veraz, puesto que los jueces no son independientes desde el momento en que están sujetos a las leyes y, en muchos casos, se encuentran adscritos a asociaciones diversas con sus correspondientes tendencias políticas.

 

Se empeñan en informarnos de continuo sobre la violencia de género, obviando deliberada y sistemáticamente las muertes de hombres a manos de sus parejas femeninas, los niños muertos a manos de sus madres (cuyo número es más elevado que la de niños muertos a manos de sus padres). Somos sólo números y estadísticas. No les importamos como personas ni lo que podemos aportar a la sociedad. La única realidad es que las personas (hombres o mujeres) que realmente han sufrido maltrato, vejaciones y agresiones graves, no desean que nadie pase por el calvario que han pasado ni pretenden venganza. Su único deseo es tener a la persona que le realizó el mal lo más lejos posible de ellas. Y eso únicamente lo podemos saber quienes trabajamos diariamente con personas (hombres, mujeres, niños y ancianos que  han sufrido y/o sufren maltrato) y quienes lo han padecido y/o padecen en primera persona. Y estos últimos, son los únicos que pueden calificarse como expertos en este tema. Nadie más puede atribuirse el sentido de la experiencia.

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Blanca Escaño

Blanca Escaño es profesora  de profesión y escritora por vocación.
Lleva 7 años trabajando por la defensa de los derechos de las personas  sin distinciones de ningún tipo y por la derogación de  la L.I.V.G. Por eso creó la Asociación de Mujeres y Hombres en Defensa de la Igualdad Real (AMYHIR) y colabora  como Secretaria General con la Plataforma por la Igualdad Real Efectiva (P.I.R.E.) y como Secretaria de Relaciones Institucionales e Igualdad en Dignidad Social.

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