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Garganta de los Montes se convirtió este fin de semana en la recreación de la Batalla de Krasny Bor

12 de febrero de 2018 -
4:16 min.

Como todos los años un grupo de personas rememora una de las batallas más heroicas de la II Guerra Mundial, la Batalla de Krasny Bor y como en todas sus últimas citas eligen Garganta de los Montes por su parecido geográfico con el lugar de la batalla.

¿Como fue la Batalla de Krasny Bor?

Febrero de 1943, los soldados de la División Azul libraron un combate que figura entre los más 
encarnizados en que hayan tomado parte los españoles en el siglo XX, un episodio conocido como Batalla de Krasny Bor. El marco para esta batalla es, a primera vista, sorprendente. Combatieron, en lo más duro de un crudo invierno, de un lado, los hijos de la soleada España, vestidos con uniformes alemanes, frente a ellos, los soldados rusos del Ejército Rojo. Y todo ello en un lugar tan remoto como los suburbios de San Petersburgo (Leningrado), la ciudad que Pedro el Grande, Zar de todas las Rusias, había levantado junto al Golfo de Finlandia."Carlos Caballero Jurado. Morir en Rusia"

Krasny Bor fue una batalla que tuvo lugar el 10 y 11 de febrero de 1943 , cuando en el sector del frente de Leningrado defendido por la División Azul , recibió el ataque de todo un Ejército ruso compuesto de 4 Divisiones. 4.500 soldados españoles neutralizaron completamente la ofensiva rusa, que atacaron con 44.000 soldados, 100 carros y 800 cañones.

Inicialmente, todo parecía perdido para los guripas españoles,  pero las sucesivas oleadas de soldados rusos embravecidos por la enorme superioridad de sus recursos  y por el nivel de vodka en sus venas, poco pudieron hacer frente a los soldados de la 250º División, que se  habían clavado  al terreno de Krasny Bor con la  firme  decisión de resistir hasta el final. El coste fue brutal, 2.253 bajas españolas frente a las 11.000 soviéticas.

La ofensiva de Stalin fracasó al poder avanzar tan sólo 3 km. permaneciendo el frente estabilizado durante un año más.

"Si en el frente os encontráis a un soldado mal afeitado, sucio, con las botas rotas y el uniforme desabrochado, cuadraos ante él, es un héroe, es un español..." Jürgens, General de Artillería, Comandante General del XXXVIII Cuerpo de Ejército de la Wehrmacht en su libro La División de Voluntarios españoles

 

Ponte Anido

 

Me entero hoy, por La vida sin filtroque por causa de La Ley de Memoria Histórica se ha borrado de las calles de La Coruña, donde nació, el nombre del Cabo de Zapadores Antonio Ponte Anido  que recibió la Cruz Laureada de San Fernando por un acción heroica en la Batalla de Krasni Bor,.....Y siento náuseas.

 

«Los españoles replican al fuego y a los gritos.<<¡Arriba España!>>

La superioridad numérica del adversario es abrumadora y caen segados por las balas. El cabo Ponte Anido tiene los ojos puestos en el T-34. Vislumbra el centelleo del cañón abriendo fuego contra la masa de españoles y, de pronto, el corazón deja de golpearle en el tórax y se siente sumido en una fría serenidad. Varias ideas cruzan su cerebro como balas trazadoras. 

 

Quizá deba obedecer la orden de su capitán, alejarse por entre las isbas de la izquierda e intentar cubrir la distancia que separa del PC del comandante Alfredo Bellod Gómez, jefe del Grupo de Zapadores de Asalto 250, para decirle: <> Pero él también está herido, le han alojado hace un rato una bala en el cuerpo y duda poder escurrirse con la necesaria rapidez por las calles infestadas de adversarios. Los ve. El cabo de enlaces los ve deambular sus sombras espectrales por entre las isbas calcinadas. Medita un instante y llega a la conclusión de que deberá optar por una de ambas soluciones: quedarse donde está y aguardar a que se despeje la situación, o intentar destruir el T-34, con lo que acoso logre salvar la vida de algunos de aquellos camaradas en apuros. Y de los heridos que tal vez continúan alojados en el edificio del hospital, hacia donde parece querer dirigirse ahora el carro de combate.

 

Descarta la primera posibilidad, y haciendo acopio de aire en sus pulmones, se levanta y corre en línea recta. En ese momento el carro se ha detenido y gira su torreta con indecisión. Las ráfagas de pistola ametralladora y las granadas de mano que le lanzan los españoles emiten un sonido de campana al rebotar en las planchas de acero. El enlace se detiene en plena galopada, se le doblan las rodillas y cae de bruces en la nieve alcanzado por un rafagazo. <> Oye sus alaridos. Oye el chirriar del T-34... <> Le escribió días atrás. <Tardará en llegarle la carta. <> Luego recibirá el oficio dándole cuenta de la muerte de su hijo en acto de servicio. Sus compañeros de cuartel del Regimiento de Zapadores nº 4 de Lugo, le echarán de menos... <>

 

Crispadas las mandíbulas por el dolor, extrae con manos ansiosas la min T del macuto, se acoda en la nieve con esfuerzo, se arrodilla, se incorpora, da unos pasos tambaleantes y se arroja de bruces junto a una de las cadenas del carro.

 

Le llegan unos gritos confusos:

 

-¡Eh, muchacho, lárgate de ahí...!

 

Le cuesta respirar, se siente débil, pero trata de sobreponerse. El sudor le resbala por la frente, ancha y despejada, y se le cristaliza en las mejillas. Sus ojos, grandes y soñadores, atisban desde el suelo la oruga que gira y chirría a medio metro de distancia de su rostro. Le anima la idea de que la dotación del carro no pueda verle. La mina magnética le pesa entre las manos. Inquieto, temeroso de que le flaqueen las fuerzas en el último instante, deposita la carga entre la oruga y la rueda de tracción, introduce el detonador en el mango, tira del cordel y retrocede penosamente, centímetro a centímetro, dejando en la nieve una huella de sangre oscura. Sabe que solo dispone de cinco segundos para ponerse a salvo, pero no puede moverse con l velocidad precisa. Comprende que no podrá salvarse. ¿O acaso...? <<¡Ay, madre ayúdame...!>> DE pronto se alza una llamarada deslumbrante y sus oídos parecen estallarse al estruendo de la explosión.

 

-¡Muchacho...!

 

Alguien corre hacia él.

 

-Ha muerto...

 

El cabo de enlaces Antonio Ponte Anido, Toñín, ha muerto a las tres y cuarto de la tarde.»

 

(Del libro “ ...y lucharon en KRASNY BOR” de Fernando Vadillo.) 

 

Sobran las palabras....Así trata España a sus mejores héroes.

PUBLICADO EN: http://www.arriba-lfu.com/2013/02/ponte-anido.html?spref=fb

 

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