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El toro de Osborne de Cabanillas de la Sierra. Habla su alcalde Antonio Olaya

11 de agosto de 2017 -
2:14 min.

Los conductores que recorren la A-1 se topan con él a la altura del km 55, aunque no fue esta su ubicación original. «Se colocó en lo que se llamaba la Tierra de la Iglesia, al lado de por donde pasaba antes la Nacional-1», recuerda Antonio Olalla, alcalde de Cabanillas e impulsor en 2008 de la restauración del histórico ejemplar. «Al principio los vecinos no lo vieron del todo claro», recuerda el primer edil a los pies del magnífico ejemplar, recortado en lo alto de un cerrete al este de la autovía. «Pero pronto llegamos a un acuerdo con los propietarios de esta finca donde está colocado», añade.

Todos los vecinos, 740 censados, están hoy orgullosos de su imponente astado y gracias a su toro, Cabanillas, municipio taurino que cuenta con tres ganaderías de toros bravos, se ha puesto de moda. Hasta se ha trazado un sendero para solaz de los caminantes que visita el monumento. «Es la Ruta del Toro. La acondicionó la Comunidad de Madrid la pasada primavera, junto con varias más que recorren el municipio. Está señalizada y tiene varios paneles que cuentan su historia. La verdad es que viene bastante gente a recorrerla», explica Olalla.

«En 1956 Osborne encargó a la empresa Azor unos carteles publicitarios que representaran al brandy Veterano», cuenta Iván Llanza, director de comunicación del Grupo Osborne. Manolo Prieto, director artístico de la compañía, hizo el diseño. El original tenía los cuernos blancos y, en el cuerpo, la palabra Veterano, como mancha entrepelada. Eran de madera y medían cuatro metros.

Se pensó colocarlos junto a las carreteras, en lugares importantes. El primero fue en la Comunidad de Madrid. «Era la entrada a Madrid por la Nacional-1, la carretera que venía de Francia y anunciaba la llegada a la capital», señala Llanza. Los publicistas buscaron la sorpresa como elemento principal. «Te encontrabas al toro a la salida de una curva cerrada».

Una comitiva de la empresa jerezana se desplazó hasta Madrid para verlo. A su frente, el jefe. Don Rafael Osborne McPherson. No le disgustó el reclamo, aunque hizo un pero a su ubicación. Estaba bien lo de la sorpresa, pero él quería que el toro se viera desde lejos, que dominara el paisaje, como debía mandar su Veterano en el panorama de los brandys.

Se perdió la sorpresa pero se ganó para siempre presencia y simbolismo. Tanta que sobre el toro incidieron factores tan variados como la seguridad vial, la política, el sentimiento patrio y el respeto a los animales. Por ley de 1962 tuvo que ser alejado de la carretera, aumentando a cambio su tamaño y mudando la madera por el hierro. Sus 14 metros se componen de 70 planchas metálicas, cuyas cinco toneladas de peso se sustentan en sólidas torretas y se ensamblan por 10.000 tornillos.

También por Ley, cuando en 1988 prohibió la publicidad en los márgenes de la carretera, se quiso eliminarlos. Los más de 500 que había se quedaron en los 91 actuales, protegidos desde 1997 por el Tribunal Supremo, que los indultó por su «interés estético y cultural». Interés que incluye a gentes como Salvador Dalí, Keith Haring, Richard Avedon, Helmunt Newton, Annie Leibovitz y Bigas Luna, entre otros. También dio para un singular museo, la Toro Gallery de Jerez, donde se muestra la formidable historia de un mito nacido para anuncio y devenido en icono cultural.

FUENTE: http://www.elmundo.es/madrid/2017/08/07/598701e7468aeb99278b4584.html

 

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