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Juan Antonio Balsalobre 40 días en ayuno...y fin

20 de abril de 2017 -
2:08 min.
El pasado  12 de Abril, se cumplieron cuarenta días desde que empecé un proceso de ayuno radical. Tenía decidido llegar a la típica cuarentena y así lo hice. Transcurrido este tiempo, tengo que decir que he conseguido varias cosas. 
 

La primera de ellas ha sido emular a los grandes pensadores y médicos de la antigua Grecia, que ya por aquel entonces promovían los efectos terapéuticos del ayuno. Galeno, Sócrates, Platón, Hipócrates eran asiduos de este tipo de terapias, e incluso Pitágoras, exigía a sus estudiantes que ayunasen antes de entrar a sus clases.
 
Nuestros abuelos griegos, hacía del ayuno un arte de la medicina y sabían que a través de él se revitalizaba y rejuvenecía el cuerpo, a la vez que los beneficios mentales obtenidos no tenían parangón. Como curiosidad, hay que decir que los egipcios aplicaban el ayuno como remedio para la sífilis, que los espartanos entrenaban a sus hijos mediante ayunos o que los Persas solo comían una vez al día. Pero quizás fue Avicena, autor de más de trescientos libros el que más avanzó en este tema, prescribiendo ya por aquel entonces semanas de ayuno a sus pacientes. No somos pioneros en nada. 
 
Dicho esto, todo esta en los libros, tengo que confesar los beneficios obtenidos hasta el miércoles pasado. Empezando por mi peso, que bajó 21 kilos, con todo lo que eso significa, mi presión arterial se reguló a niveles máximos de 120/80 y la vitalidad que tenía después de pasar casi mil horas sin comer nada, era algo que no se podía explicar. Mentalmente, si bien estaba más lúcido y rápido de lo normal, tampoco me ha llamado excesivamente la atención ningún cambio, y en comparación con los 28 días que mantuve el ayuno el año pasado, no han existido mayores progresos. Creo que hay que ir más allá.
 
Ahora bien. ¿Qué ha pasado desde que empecé a comer? Pues todo ha sido negativo. La primera noche no dormí absolutamente nada y a la segunda empecé a sufrir esos sueños tan reales que había abandonado justo cuarenta días antes. En ese sentido no he vuelto a levantar cabeza y no se que será de mi estos días. Empezar a comer ha ido unido a un dolor de cabeza permanente, un nerviosismo y estrés que me hacía vulnerable a cualquier cosa y que me ha convertido hasta este momento en una mala compañía. El cansancio es permanente y no puedo apretar fuertemente la mano, pues no tengo fuerzas ni para eso. Y así podría enumerar otros cuantos problemas, incluida alguna patología que nunca he sufrido y que no entiendo que hace aquí. Por lo tanto, aquí se acaba esto y sin más, esta ha sido la experiencia de este año en relación al ayuno y su repercusión en nuestros cuerpos.
 
Para los incrédulos y demás lumbreras, decir que todos los problemas que tengo ahora se producen por comer y no, por efectos secundarios producidos por el ayuno. ¡Lo sé! No comer implica morirse de inanición, pero no en los plazos que nos cuentan o nos hacen creer. Y ni que decir tiene, que la próxima será mejor y más larga que esta. Un abrazo a todos y gracias por estar ahí.
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Juan Antonio Balsalobre

Exmiembro del Comité Regional de la PSM. Su máxima: “La libertad se defiende con las armas”

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