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La nefasta II República. Por Javier Giral Palasí

14 de abril de 2017 -
7:31 min.

Cada 14 de abril la propaganda de la mentira histórica, la que utiliza la manipulación sobre el pasado para amordazar al rival ideológico en el presente, nos bombardea con la consigna simple, pero eficaz entre los gentiles, de que “la II República fue la panacea de la libertad, el progreso y la democracia, hasta que un general faccioso decidió levantarse en armas contra el gobierno legítimo salido democráticamente de las urnas, y patatín y patatán...”.   Sin embargo, para disgusto de los profesionales de la mentira histórica la realidad fue muy distinta.

Discutir con los que viven de la subvención, o con los que consideran que “la mentira es un arma revolucionaria”, como decía Lenin, o con los que llevan 30 años predicando en el chiringuito político y cobrando siempre del contribuyente, resulta un esfuerzo inútil que no merece gasto de energía ni interés; lo interesante es desenmascarar a estos embaucadores ante los demás, ya sea por su ignorancia contagiosa, por repetir la propaganda que viene de tiempos de la Komintern o por su mala fe.

Empecemos por indicar que la II República vino sobrevenida tras unas elecciones municipales en abril de 1931, no hubo referéndum ni plebiscito ni proceso constituyente ni cosa parecida; tras unas elecciones que además perdieron los partidos republicanos con una proporción de 4 a 1 frente a los monárquicos; digamos que fue el resultado de lo que domina la izquierda, la agitación y la propaganda, o el AGITPROP, es decir, movilizar a una minoría con mucho ruido, algaradas y conatos de violencia para amedrentar a los demás. Y el resultado fue que Alfonso XIII, un rey deprimido, antes de conocerse los resultados definitivos de aquellas elecciones, y ante el panorama que le presentaban en las primeras horas, renunció y salió del país.  

La recién estrenada II República, adoptó la bandera tricolor de los casinos republicanos, a diferencia de la I República que mantuvo la roja y gualda de 1785, una bandera que nació de la confusión de añadir una franja morada, tras ver un morado en un estandarte donde había un rojo apagado por los años de sol, en supuesto honor de los comuneros de Castilla, cuando en realidad el pendón de Castilla ostentaba el rojo carmesí.

La recién estrenada II República, adoptó la bandera tricolor de los casinos republicanos, a diferencia de la I República que mantuvo la roja y gualda de 1785, una bandera que nació de la confusión de añadir una franja morada, tras ver un morado en un estandarte donde había un rojo apagado por los años de sol, en supuesto honor de los comuneros de Castilla, cuando en realidad el pendón de Castilla ostentaba el rojo carmesí. Y para mayor mofa la bandera republicana utilizaba un escudo aparentemente similar al de los anteriores Borbones, cuya mayor diferencia fue sustituir la corona real por una muralla de castillo, un detalle casi inapreciable a primera vista para el público republicano.

La II República nació con un gobierno provisional, que sin pensar en la mayoría de la población que era monárquica, católica y tradicional, quiso establecer una república a semejanza de la república mejicana en manos del PRI, es decir, una república dominada por la izquierda masónica, y por tanto, con un fuerte componente anticlerical, hasta el punto que al mes de ser proclamada permitió la quema de conventos, iglesias, centros de enseñanza para pobres o la destrucción de numeroso patrimonio artístico y cultural, como fue la segunda biblioteca más importante de España que fue quemada en Madrid con sus 80.000 volúmenes. La II República hizo una constante persecución a la libertad de los católicos que iba desde la enseñanza en las escuelas hasta prohibirles tocar las campanas de las Iglesias o salir en procesión.

Y mientras la izquierda republicana, daba forma a su república sectaria, por su parte la izquierda más resueltamente marxista como el PSOE, entonces denominaba a esta II República como una “república burguesa” a la que había que superar violentamente hasta instaurar la dictadura del proletariado en España al igual que en la URSS, es decir, hasta instaurar la dictadura del PSOE. Algo que ahora tratan de ocultar. De este modo, Largo Caballero, el líder del PSOE durante la II República, quién se hacía llamar como el “Lenin español”, disertaba en sus arengas con palabras como las siguientes:

"El jefe de Acción Popular decía en un discurso a los católicos que los socialistas admitimos la democracia cuando nos conviene, pero cuando no nos conviene tomamos por el camino más corto. Pues bien; yo tengo que decir con franqueza que es verdad. Si la legalidad no nos sirve, si impide nuestro avance, daremos de lado a la democracia burguesa e iremos a la conquista revolucionaria del Poder".

 

"La clase obrera debe adueñarse del poder político, convencida de que la democracia es incompatible con el socialismo, y como el que tiene el poder no ha de entregarlo voluntariamente, por eso hay que ir a la revolución".

 

"No es así como lo entendemos. La dictadura del proletariado no es el poder de un individuo, sino del partido político expresión de la masa obrera, que quiere tener en sus manos todos los resortes del Estado, absolutamente todos, para poder realizar una obra de Gobierno socialista".

 

Pero la acción de Largo Caballero, no se quedó sólo en palabras porque el PSOE organizó el golpe de estado revolucionario de 1934 en toda España porque no asumían el haber perdido en las elecciones de 1933, como no lo asumió ninguna fuerza del posterior Frente Popular, una revolución que finalmente dónde mayor repercusión y violencia tuvo fue en Asturias y en la nacionalista Cataluña. Dicho de otra manera, antes del levantamiento de algunos generales en julio de 1936, contra la II República ya se habían sublevado o conspirado, tanto socialistas como comunistas, anarquistas, nacionalistas o los propios republicanos, por tanto Franco fue el último en sublevarse.

 

La falta de libertad en la II República se comprobaba en que no existía libertad de información, gracias a la “Ley de Defensa de la República” de 1931, a la que se añadió la censura previa en 1933 y también en el permanente estado de excepción declarado hasta el final de sus días. Pero la prueba de fuego para aquella supuesta democracia vino en las elecciones de 1933, cuando tras ganarlas la derecha de la CEDA, sin embargo, la izquierda republicana no le permitió formar gobierno, bajo amenazas de todo tipo y la materialización en golpe revolucionario del PSOE antes mencionado. Este era el “talante democrático” de la izquierda de la II República.

 

Y mientras proseguían las huelgas revolucionarias, las ocupaciones de fincas, los asesinatos en las calles y los conatos de violencia, el fraude de la II República a la libertad y a la democracia llegó a las fraudulentas elecciones de febrero de 1936 rellenando otra siniestra página, en las que la izquierda se apropió de un gobierno que no había ganado limpiamente en las elecciones. ¿Y quiénes dijeron que fueron unos elecciones fraudulentas? pues los propios presidentes de la II República por escrito, como Niceto Alcalá-Zamora y Manuel Azaña, o el líder socialista Juan Negrín. Pero el estudio y confirmación del fraude electoral ha sido publicado recientemente en el libro "1936 FRAUDE y VIOLENCIA en las elecciones del Frente Popular" que tras 5 años de revisión de actas por parte de dos profesores de la Universidad Rey Juan Carlos, se ha confirmado lo que ya sabíamos, el pucherazo en las elecciones de 1936 en las que las izquierdas le robaron al menos 50 diputados a la derecha y que fue la derecha la que ganó realmente las elecciones al obtener unos 700.000 votos más que la izquierda.

 

La situación de inestabilidad y caos del país, entre las elecciones de febrero hasta el alzamiento de julio de 1936 quedaba resumido perfectamente por el republicano de izquierdas, el presidente Azaña al escribir:

 

“Hoy nos han quemado Yecla: 7 iglesias, 6 casas, todos los centros políticos de derecha, y el Registro de la Propiedad. A media tarde, incendios en Albacete, en Almansa. Ayer, motín y asesinatos en Jumilla. El sábado, Logroño, el viernes Madrid: tres iglesias. El jueves y el miércoles, Vallecas… Han apaleado, en la calle del Caballero de Gracia, a un comandante, vestido de uniforme, que no hacía nada. En Ferrol, a dos oficiales de artillería; en Logroño, acorralaron y encerraron a un general y cuatro oficiales… Lo más oportuno. Creo que van más de doscientos muertos y heridos desde que se formó el Gobierno, y he perdido la cuenta de las poblaciones en que han quemado iglesias y conventos: ¡hasta en Alcalá!”.

 

Y para rematar aquella nefasta II República, liberticida y sectaria, en la que además no surgió ningún intelectual de talla, fue el asesinato el 13 de julio de 1936 del líder de la oposición José Calvo Sotelo de Renovación Española, al que ahora le retiran calles por ser franquista a pesar de que lo asesinaron antes de tener tiempo para hacerse franquista. José Calvo Sotelo fue sacado de madrugada de su casa por socialistas de las fuerzas de seguridad del Estado, y recibió un tiro en la nuca de Luis Cuenca, que era guardaespaldas del diputado socialista Indalecio Prieto, como también lo era Fernando Condés, jefe de aquel grupo criminal. Aquella noche también fueron en busca de Gil Robles de la católica CEDA pero no pudieron localizarle al estar ausente de su casa.

 

El asesinato del líder de la derecha española será la puntilla para el levantamiento militar que organizaban el general San Jurjo y Mola, y al que Franco fue el último general en dar su visto bueno ante la situación y los violentos acontecimientos. Entonces la España que en palabras de Gil Robles “no estaba dispuesta a morir” comprendió que era más peligroso no rebelarse contra la revolución en marcha que hacerlo, y por su parte Azaña diría que “Franco no se sublevó contra la república sino contra la chusma que se había apoderado de ella”, es decir, contra el comunismo revolucionario, que de haber triunfado entonces ahora nos hubiera dejado el nivel de miseria de un país excomunista de la Europa del este o el haber asistido al genocidio de millones de personas declaradas “enemigos del proletariado” al igual que en cualquier país por dónde pasó el socialismo revolucionario como nos muestra la historia.

 

Aquella II República que nació viciada hacia el sectarismo terminó finalmente llevando al país hacia el caos y la guerra civil. Prueba de ello es que los padres intelectuales de la II República, tales como Ortega y Gasset, Marañón y Pérez de Ayala, pasaron de ver en la república una esperanza frente a los años de la monarquía para acabar exiliándose y mandar a sus hijos a luchar en el ejército nacional de Franco. Sobre el Frente Popular, por ejemplo, el intelectual Pérez de Ayala embajador republicano en Londres antes de dimitir, escribió:

 

“Cuanto se diga de los desalmados mentecatos que engendraron y luego nutrieron a los pechos nuestra gran tragedia, todo me parecerá poco… Lo que nunca pude concebir es que hubiesen sido capaces de tanto crimen, cobardía y bajeza.”

 

Hoy es 14 de abril y si quiere seguir escuchando esa mezcla de manipulación, fantasía y cuentos para niños, sobre las bondades de la II República mejor encienda la televisión…

 

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Javier Giral Palasí

El historiador y poeta, Javier Giral Palasí, nació en Madrid en 1978. Comparte su pasión por la poesía, con la Historia ofreciendo sus artículos semanales y conferencias por nuestra geografía, además de participar como comentarista de radio y en diferentes movimientos y plataformas ciudadanas contra la manipulación de la historia de España

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